Teología del Cuerpo

Parte V. El sacramento del matrimonio

50. Llamados a retornar

El hombre —varón o mujer— no sólo habla con el lenguaje del cuerpo, sino que en cierto sentido permite al cuerpo hablar «por él». Es obvio que el cuerpo, como tal, no «habla», sino que habla el hombre, releyendo lo que exige ser expresado y basándose en lo que el hombre puede expresar únicamente por medio del cuerpo.

Los cuerpos de los esposos hablarán «por» y «de parte de» cada uno de ellos. Puesto que al lenguaje corresponde un conjunto de significados, los esposos —a través de su conducta y comportamiento, a través de sus acciones y expresiones («expresiones de ternura»: cf. Gaudium et spes, 49)— están llamados a convertirse en los autores de estos significados del «lenguaje del cuerpo», por el cual se construyen y profundizan continuamente el amor, la fidelidad, la honestidad conyugal y esa unión que permanece indisoluble hasta la muerte.

El lenguaje del cuerpo y la verdad del amor

Hay un vínculo orgánico entre el releer en la verdad el significado integral del «lenguaje del cuerpo» y el consiguiente empleo de ese lenguaje en la vida conyugal. Si el ser en el matrimonio confiere a su comportamiento un significado conforme a la verdad fundamental del lenguaje del cuerpo, entonces también él mismo «está en la verdad».

A través del matrimonio como sacramento de la Iglesia, el hombre y la mujer están llamados de modo explícito a dar —sirviéndose correctamente del «lenguaje del cuerpo»— el testimonio del amor nupcial y procreador, testimonio digno de «verdaderos profetas».

Concupiscencia, redención y posibilidad de retorno

Aunque el hombre permanezca siendo el «hombre de la concupiscencia», es a la vez el hombre de la «llamada». Es «llamado» a través del misterio de la redención del cuerpo.

En el ámbito del ethos de la redención queda siempre la posibilidad de pasar del «error» a la «verdad», del pecado a la castidad, como expresión de una vida según el Espíritu (cf. Gál 5,16).

Autodeterminación y responsabilidad sacramental

El hombre —varón y mujer— como ministro del sacramento, autor del signo sacramental, es sujeto consciente y capaz de autodeterminación. Sólo sobre esta base puede ser autor del «lenguaje del cuerpo» y del matrimonio como signo de la creación y de la redención.

Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979–1984)

Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original.

Reflexión: ¿Creo que la redención de Cristo me permite realmente retornar a la verdad y a la castidad?

Clave de lectura interior: La redención del cuerpo no elimina la lucha, pero abre siempre un camino real de retorno.