Teología del Cuerpo
Parte V. El sacramento del matrimonio
49. El lenguaje del cuerpo
Analizamos ahora la sacramentalidad del matrimonio bajo el aspecto del signo. Cuando afirmamos que en el matrimonio como signo sacramental entra también el «lenguaje del cuerpo», hacemos referencia a la larga tradición bíblica que tiene su origen en el libro del Génesis (cf. Gén 2, 23-25) y culmina en la Carta a los Efesios (cf. Ef 5, 21-33).
Al analizar los textos de Oseas, Ezequiel, Deutero-Isaías y de otros Profetas, nos hemos encontrado con la gran analogía cuya expresión última es la proclamación de la Nueva Alianza bajo la forma de un desposorio entre Cristo y la Iglesia. Basándose en esta tradición, es posible hablar de un específico «profetismo del cuerpo», que significa precisamente el «lenguaje del cuerpo».
El profetismo del cuerpo en la Alianza
La analogía parece tener dos estratos. En el primero y fundamental, los Profetas presentan la Alianza establecida entre Dios e Israel como un matrimonio, lo que nos permite también comprender el matrimonio mismo como una alianza entre marido y mujer. Israel, aunque es un pueblo, es presentado como esposa. La Alianza de Yahvé con Israel tiene el carácter de vínculo nupcial.
Este primer estrato de la analogía revela el segundo, que es precisamente el «lenguaje del cuerpo». En primer lugar, se trata del lenguaje en sentido objetivo: los Profetas comparan la Alianza con el matrimonio, remitiéndose al Génesis 2, 24, donde el hombre y la mujer se hacen «una sola carne».
Pero simultáneamente pasan a su significado subjetivo, permitiendo al cuerpo mismo hablar. El cuerpo habla con su masculinidad o feminidad, habla con el misterioso lenguaje del don personal, habla tanto con el lenguaje de la fidelidad como con el de la infidelidad conyugal.
Verdad y falsedad en el lenguaje del cuerpo
En Oseas 1, 2 —«Ve y toma por mujer a una prostituta…»— el adulterio y la prostitución de Israel constituyen un contraste evidente con el vínculo nupcial. Ezequiel estigmatiza de manera análoga la idolatría valiéndose del símbolo del adulterio de Jerusalén (cf. Ez 16).
Para todo lenguaje, las categorías de la verdad y de la falsedad son esenciales. En los textos proféticos, el cuerpo dice la verdad mediante la fidelidad y el amor conyugal; y cuando comete adulterio, dice la mentira, comete la falsedad.
En el primer caso, Israel como esposa está conforme al significado nupcial que corresponde al cuerpo humano; en el segundo, entra en contradicción con ese significado.
El consentimiento conyugal como lenguaje profético
Lo esencial para el matrimonio como sacramento es el «lenguaje del cuerpo» releído en la verdad, porque mediante él se constituye el signo sacramental. El cuerpo dice la verdad por medio del amor, la fidelidad y la honestidad conyugal.
En el momento de pronunciar las palabras del consentimiento matrimonial, los nuevos esposos se sitúan en la línea del mismo «profetismo del cuerpo» cuyo portavoz fueron los antiguos Profetas. Profeta es aquel que expresa con palabras humanas la verdad que proviene de Dios y la proclama en su nombre.
El «lenguaje del cuerpo», expresado por boca de los ministros del matrimonio, instituye el mismo signo visible de la Alianza y de la gracia, alimentado continuamente por la fuerza de la «redención del cuerpo» ofrecida por Cristo a la Iglesia.
El consentimiento conyugal es al mismo tiempo anuncio y causa del hecho de que, de ahora en adelante, ambos serán ante la Iglesia y la sociedad marido y mujer. Tiene el carácter de una recíproca profesión hecha ante Dios.
El cuerpo como lugar de la verdad de la vocación
El hombre no es capaz de expresar sin el cuerpo este lenguaje singular de su existencia personal y de su vocación. Desde el principio ha sido constituido de tal modo que las palabras más profundas del espíritu —palabras de amor, de donación y de fidelidad— exigen un adecuado lenguaje del cuerpo.
Esto se refiere tanto al matrimonio como a la continencia «por el reino de los cielos». El lenguaje del cuerpo, antes de ser pronunciado por los labios de los esposos, ha sido pronunciado por la palabra del Dios vivo, desde el Génesis hasta la Carta a los Efesios.
«Yo te recibo como mi esposa – como mi esposo»: en estas palabras están incluidos el propósito, la decisión y la opción. El hombre y la mujer son autores de este lenguaje en la medida en que confieren a su comportamiento la verdad de la masculinidad y de la feminidad en la relación conyugal.
En esta verdad del signo y en el ethos de la conducta conyugal se inserta, con amplia perspectiva, el significado procreador del cuerpo.
Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979 – 1984)
Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.
Reflexión: ¿El lenguaje de nuestro cuerpo es acorde con el estado de vida en el que nos encontramos? ¿Nuestro cuerpo dice la verdad?
Clave de lectura interior: El cuerpo no es neutro: habla siempre. El sacramento del matrimonio exige que el lenguaje del cuerpo sea verdadero, fiel y conforme al don pronunciado ante Dios.