Teología del Cuerpo

Parte V. El sacramento del matrimonio

48. El uno para el otro y el uno con el otro

Las reflexiones anteriores se dedicaron a presentar la realidad de la gracia y de la alianza del sacramento. Conviene considerarlo ahora bajo el aspecto del signo.

El matrimonio sacramental es un acto público por medio del cual un hombre y una mujer se convierten, ante la sociedad de la Iglesia, en marido y mujer, es decir, en sujeto actual de la vocación y de la vida matrimonial.

«Yo, ..., te quiero a ti, ..., como esposa»; «yo, ..., te quiero a ti, ..., como esposo»; «prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarte y honrarte todos los días de mi vida». Con estas palabras los novios contraen matrimonio y al mismo tiempo lo reciben como sacramento, del cual ambos son ministros.

La palabra sacramental y su realización

El matrimonio como sacramento se contrae mediante la palabra, que es signo sacramental en razón de su contenido. Sin embargo, esta palabra es de por sí sólo el signo de la celebración del matrimonio.

La celebración del matrimonio se distingue de su consumación hasta el punto de que, sin esta consumación, el matrimonio no está todavía constituido en su plena realidad. «Te quiero a ti como esposa – esposo» sólo puede realizarse plenamente a través de la cópula conyugal.

Esta realidad viene definida desde el principio por institución del Creador: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne» (Gén 2, 24).

El lenguaje del cuerpo y el signo sacramental

El matrimonio, como sacramento de la Iglesia, se contrae mediante las palabras de los ministros —los nuevos esposos— palabras que significan e indican, en el orden intencional, lo que ambos han decidido ser, de ahora en adelante, el uno para el otro y el uno con el otro.

El signo sacramental se constituye en el orden intencional en cuanto que se constituye contemporáneamente en el orden real. El hombre y la mujer, al ser ministros del sacramento, constituyen al mismo tiempo el pleno y real signo visible del sacramento mismo.

La estructura del signo sacramental permanece, en su esencia, la misma que «en principio». La determina el «lenguaje del cuerpo», es decir, el don recíproco de la masculinidad y de la feminidad como fundamento de la comunión conyugal de las personas.

«Yo te quiero a ti como esposa – como esposo» contiene ese perenne y siempre irrepetible lenguaje del cuerpo, que es el contenido constitutivo de la comunión de las personas. A través de él, los esposos se convierten en un don recíproco y descubren el significado esponsalicio del cuerpo, refiriéndolo irreversiblemente el uno al otro: para toda la vida.

Un signo visible y eficaz para toda la vida

La administración del sacramento consiste en que, en el momento de contraer matrimonio, el hombre y la mujer, mediante las palabras adecuadas y la actualización del lenguaje del cuerpo, forman un signo irrepetible, que tiene también un significado de cara al futuro: «todos los días de mi vida», es decir, hasta la muerte.

Este signo es visible y eficaz de la alianza con Dios en Cristo, esto es, de la gracia que debe llegar a ser parte de ellos como don propio.

En categorías sociojurídicas puede hablarse de un pacto conyugal y de la constitución de la familia como célula social fundamental. Pero desde el punto de vista teológico, la clave para comprender el matrimonio es la realidad del signo sacramental, fundado en la alianza del hombre con Dios en Cristo y en la Iglesia.

El hombre y la mujer, como esposos, llevan este signo toda la vida y siguen siendo ese signo hasta la muerte.

Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979 – 1984)

Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.

Reflexión: ¿Cómo deben actuar los esposos teniendo en cuenta que, a través del sacramento del matrimonio, han decidido ser el uno para el otro y el uno con el otro?

Clave de lectura interior: El matrimonio cristiano es un signo vivo: los esposos no sólo celebran un sacramento, sino que se convierten ellos mismos en sacramento visible del amor fiel de Dios.