Teología del Cuerpo

Parte V. El sacramento del matrimonio

47. El origen y porvenir del hombre

El matrimonio, como sacramento primordial y, a la vez, como sacramento que brota en el misterio de la redención del cuerpo del amor nupcial de Cristo y de la Iglesia, «viene del Padre». En consecuencia, también el matrimonio, como sacramento, constituye la base de la esperanza para la persona: para el hombre y la mujer, para los padres y para los hijos, para las generaciones humanas.

Con el matrimonio está vinculado el origen del hombre en el mundo, y en él está también grabado su porvenir, no sólo en las dimensiones históricas, sino también en las escatológicas. El matrimonio, como sacramento, lleva consigo el germen del futuro escatológico del hombre.

El matrimonio y la esperanza escatológica

Aunque «en la resurrección... ni se casarán ni se darán en casamiento» (Mt 22, 30), los que son «hijos de la resurrección» (cf. Lc 20, 36) deben su propio origen en el mundo visible y temporal al matrimonio y a la procreación del hombre y de la mujer.

El matrimonio, como sacramento del «principio» humano y de la temporalidad del hombre histórico, realiza un servicio insustituible respecto a su futuro extra-temporal, es decir, respecto al misterio de la «redención del cuerpo» en la dimensión de la esperanza escatológica.

Si este «mundo pasa», y con él pasan la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y el orgullo de la vida, el matrimonio, como sacramento, sirve inmutablemente para que el hombre, varón y mujer, dominando la concupiscencia, cumpla la voluntad del Padre. «Y el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre» (1 Jn 2, 17).

El matrimonio renovado por la redención

El autor de la Carta a los Efesios exhorta a los esposos a plasmar su relación recíproca sobre el modelo de la unión nupcial de Cristo y de la Iglesia: «Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella para santificarla» (Ef 5, 25-26).

A la luz de esta Carta, por medio de la participación en el amor salvífico de Cristo, se confirma y se renueva el matrimonio como sacramento del «principio» humano: sacramento en el que el hombre y la mujer, llamados a hacerse «una sola carne», participan en el amor creador de Dios mismo.

Participan en él por haber sido creados a imagen de Dios y llamados, en virtud de esta imagen, a una particular comunión de personas (communio personarum), y porque esta unión ha sido bendecida desde el principio con la bendición de la fecundidad (cf. Gén 1, 28).

Unidad del amor nupcial y del amor redentor

Esta forma originaria y estable del matrimonio se renueva cuando los esposos lo reciben como sacramento de la Iglesia, beneficiándose de la nueva profundidad de la gratificación del hombre por parte de Dios revelada en la redención: «Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla» (Ef 5, 25-26).

La imagen paulina del matrimonio, asociada al «misterio grande» de Cristo y de la Iglesia, aproxima la dimensión redentora del amor a la dimensión nupcial, uniendo ambas en una sola realidad.

El hombre está llamado a buscar el sentido de su existencia y de su humanidad y lo encuentra cuando, pasando por el misterio de la creación, llega al misterio de la redención.

El significado último del cuerpo

La unión de Cristo con la Iglesia nos permite comprender cómo el significado nupcial del cuerpo se completa con el significado redentor, no sólo en el matrimonio o en la continencia por el Reino, sino también en el sufrimiento humano, en el nacimiento y en la muerte.

¿Acaso no es el amor nupcial con el que Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella la más plena encarnación del ideal de la «continencia por el Reino de los cielos» (cf. Mt 19, 12)?

Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979 – 1984)

Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.

Reflexión: «Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella para santificarla…». Teniendo en cuenta esta afirmación, ¿qué debo hacer en mi relación matrimonial para que, a través de mi amor y mi entrega, contribuya a la santificación de mi cónyuge?

Clave de lectura interior: El matrimonio cristiano es lugar donde el origen del hombre y su porvenir eterno se encuentran, cuando el amor conyugal participa del amor redentor de Cristo.