Teología del Cuerpo
Parte V. El sacramento del matrimonio
40. La sacralidad del matrimonio
En la unión por amor, el cuerpo «del otro» se convierte en «propio», en el sentido de que se tiene solicitud del bien del cuerpo del otro como del propio. Las expresiones que se refieren al cuidado del cuerpo —y ante todo a su nutrición y a su abrigo— sugieren a muchos estudiosos de la Sagrada Escritura una referencia a la Eucaristía, con la que Cristo, en su amor nupcial, «alimenta» a la Iglesia.
Aunque estas expresiones se emplean en un tono menor, indican el carácter específico del amor conyugal, especialmente de aquel por el cual los cónyuges se hacen «una sola carne». Al mismo tiempo, ayudan a comprender la dignidad del cuerpo humano y el imperativo moral de cuidar de su bien conforme a su dignidad.
El parangón con la Iglesia como Cuerpo de Cristo, Cuerpo de su amor redentor y nupcial, debe suscitar en la conciencia de los destinatarios de la Carta a los Efesios un profundo sentido de lo sagrado del cuerpo humano, y especialmente del cuerpo en el matrimonio.
El texto fundamental del matrimonio
«Nadie aborrece jamás su propia carne, sino que la alimenta y la abriga como Cristo a la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo» (Ef 5, 29-30). A continuación, el autor cita el texto fundamental de toda la Sagrada Escritura sobre el matrimonio: «Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne» (Ef 5, 31; Gén 2, 24).
En el contexto de la Carta a los Efesios, esta cita no se introduce solo para recordar la unidad de los esposos establecida «desde el principio», sino para presentar el misterio de Cristo con la Iglesia, del cual se deduce la verdad profunda sobre la unidad conyugal.
Este es, en cierto sentido, el punto central del texto, su clave angular. En estas palabras se encierra todo lo que el autor ha dicho mediante la analogía entre la unidad de los esposos y la unidad de Cristo con la Iglesia.
La base salvífica de la analogía
Al citar el Génesis, el autor muestra que las bases de esta analogía se encuentran en la línea del plan salvífico de Dios, que une el matrimonio —como la revelación más antigua de ese plan en el mundo creado— con la revelación definitiva realizada cuando «Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella» (Ef 5, 25).
De este modo, el amor redentor de Cristo adquiere un carácter y un sentido nupcial. La analogía entre matrimonio y unión de Cristo con la Iglesia hunde así sus raíces en el mismo designio salvífico de Dios.
Por eso, tras citar el Génesis, el autor concluye: «Gran misterio este, pero entendido de Cristo y de la Iglesia» (Ef 5, 32). Este misterio —el plan salvífico de Dios respecto a la humanidad— es el tema central de toda la Revelación.
Continuidad de la Alianza
San Pablo subraya la continuidad entre la Alianza originaria, establecida por Dios al instituir el matrimonio en la creación, y la Alianza definitiva, en la que Cristo, con un acto de amor redentor, amó a la Iglesia y se entregó por ella, uniéndose a ella de modo nupcial.
Esta continuidad de la iniciativa salvífica de Dios constituye la base esencial de la gran analogía contenida en la Carta a los Efesios y fundamenta la sacralidad del matrimonio.
Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979 – 1984)
Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.
Reflexión: ¿Soy consciente de recibir el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía? ¿Me aseguro de hacerlo presentándome sin «mancha ni arruga»? ¿Entiendo la unión con mi cónyuge como participación en la unión de Cristo con la Iglesia?
Clave de lectura interior: El matrimonio es sagrado porque participa del mismo misterio de amor con el que Cristo se entrega a su Iglesia y la santifica.