Teología del Cuerpo
Parte V. El sacramento del matrimonio
46. El encuentro del eros con el ethos
Hemos analizado la Carta a los Efesios y, sobre todo, el pasaje del capítulo 5, 22-23, desde el punto de vista de la sacramentalidad del matrimonio. Examinemos ahora el mismo texto desde la óptica de las palabras del Evangelio.
En virtud del querer y actuar salvífico de Dios, el hombre y la mujer, al unirse entre sí de manera que se hacen «una sola carne» (Gén 2, 24), estaban destinados, a la vez, a estar unidos «en la verdad y en la caridad» como hijos de Dios, a semejanza de la unión de las Personas divinas (cf. Gaudium et spes 24).
La redención y la dignidad del cuerpo
La redención se convierte, a la vez, en la base para comprender la dignidad particular del cuerpo humano, enraizada en la dignidad personal del hombre y de la mujer. La razón de esta dignidad se encuentra precisamente en la raíz de la indisolubilidad de la alianza conyugal.
Cristo, que en el Sermón de la montaña ofrece la interpretación constitutiva del nuevo ethos del mandamiento «No adulterarás», asigna como tarea a cada hombre la dignidad de cada mujer, y viceversa. De este modo, asigna a cada persona su propia dignidad, el sacrum de la persona, en consideración de su cuerpo.
Las palabras de Cristo alcanzan su pleno significado en relación con el sacramento: tanto el sacramento primordial vinculado al misterio de la creación, como aquel en el que el hombre «histórico», después del pecado, debe reencontrar la dignidad y la santidad de la unión conyugal «en el cuerpo», basándose en el misterio de la redención.
El matrimonio como gracia y como ethos
La redención se le da al hombre como gracia de la nueva alianza con Dios en Cristo, y al mismo tiempo se le asigna como ethos: como forma de moral correspondiente a la acción salvífica de Dios.
Si el matrimonio como sacramento es un signo eficaz de la acción salvífica de Dios, este sacramento constituye también una exhortación dirigida al hombre y a la mujer para que participen conscientemente en la redención del cuerpo.
Como expresión sacramental de esa potencia salvífica, el matrimonio es también una exhortación a dominar la concupiscencia. Fruto de ese dominio es la unidad e indisolubilidad del matrimonio y el profundo sentido de la dignidad recíproca del hombre y de la mujer, tanto en la convivencia conyugal como en todas las relaciones humanas.
El lugar donde se encuentran el eros y el ethos
El matrimonio, como sacramento que brota del misterio de la redención, es concedido al hombre «histórico» como gracia y como ethos. Como sacramento de la Iglesia, es palabra del Espíritu que exhorta a los esposos a modelar su vida sacando fuerza del misterio de la redención del cuerpo.
De este modo, los esposos están llamados a la castidad como forma de vida «según el Espíritu» (cf. Rom 8, 4-5; Gál 5, 25). En virtud de esta esperanza cotidiana, la concupiscencia de la carne es dominada, y la alianza sacramental se convierte en el sustrato de una communio personarum duradera e indisoluble.
El matrimonio es, por tanto, el lugar del encuentro del eros con el ethos y de su recíproca compenetración en el corazón del hombre y de la mujer.
Vida según el Espíritu y fecundidad
Los esposos están llamados, mediante el sacramento, a una vida «según el Espíritu», capaz de corresponder al don recibido. Esta vida permite reencontrar la verdadera libertad del don, unida al sentido nupcial del cuerpo.
La vida «según el Espíritu» se manifiesta también en la unión recíproca por la cual los esposos, al convertirse en «una sola carne», someten su masculinidad y feminidad a la bendición de la procreación: «Conoció Adán a su mujer… y dijo: He alcanzado de Yahvé un varón» (Gén 4, 1).
Se manifiesta igualmente en la conciencia profunda de la santidad de la vida (sacrum), a la que los esposos dan origen participando, como padres, en las fuerzas del misterio de la creación.
Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979 – 1984)
Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.
Reflexión: ¿En mi actuar tengo en cuenta que «Cristo asigna como tarea a cada hombre la dignidad de cada mujer» y viceversa? ¿Qué significa afirmar que «el matrimonio es lugar de encuentro del eros con el ethos»?
Clave de lectura interior: El amor conyugal encuentra su verdad plena cuando el deseo (eros) es purificado y sostenido por la gracia, y se convierte en camino de donación responsable (ethos).