Teología del Cuerpo

Parte I. La unidad originaria del hombre y la mujer

5. El matrimonio uno e indisoluble

Las palabras que describen la unidad e indisolubilidad del matrimonio se encuentran en el contexto inmediato del segundo relato de la creación, cuyo rasgo característico es la creación por separado de la mujer (Gen 2, 18-23).

Allí leemos: «De la costilla que del hombre tomara, formó Yahvé Dios a la mujer, y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: “Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta se llamará varona, porque del varón ha sido tomada”» (Gen 2, 22-23).

«Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se unirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne» (Gen 2, 24), palabras que son reafirmadas por Jesús en el Evangelio en su conversación con los fariseos: «Y serán los dos una sola carne» (Mt 19, 5).

La unidad como opción y alianza

Del contexto resulta que esta unión proviene de una opción, dado que el hombre «abandona» al padre y a la madre para unirse a su mujer. Esta unidad a través del cuerpo tiene una ética, como se confirma en la respuesta de Cristo a los fariseos en Mateo 19, 6 y Marcos 10, 9: «Lo que Dios unió no lo separe el hombre».

Esta unidad posee también una dimensión sacramental, estrictamente teológica. Y es así porque esa unidad que se realiza a través del cuerpo indica, desde el principio, no sólo el «cuerpo», sino también la comunión «encarnada» de las personas, y exige esta comunión.

Palabra de Dios y permanencia del designio originario

Estas palabras de Jesús en el Evangelio, en su diálogo con los fariseos —«Lo que Dios unió no lo separe el hombre»— confirman que el Génesis 2, 24 enuncia el principio de la unidad e indisolubilidad del matrimonio como el contenido mismo de la Palabra de Dios, expresada en la revelación más antigua.

El pecado y la muerte entraron en la historia del hombre, en cierto modo, a través del corazón mismo de esa unidad, que desde el «principio» estaba formada por el hombre y por la mujer, creados y llamados a convertirse en «una sola carne» (Gen 2, 24).

Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979 – 1984)

Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.

Reflexión: ¿Qué significa la frase «esta unidad a través del cuerpo tiene una ética»? ¿Qué entendemos por comunión encarnada?