Teología del Cuerpo

Parte VI. Amor y fecundidad

62. La ayuda divina

Frecuentemente se piensa que la continencia provoca tensiones interiores de las que el hombre debería liberarse. A la luz de los análisis realizados, la continencia, integralmente entendida, es más bien el único camino para liberar al hombre de tales tensiones.

La continencia no significa más que el esfuerzo espiritual que tiende a expresar el «lenguaje del cuerpo» no sólo en la verdad, sino también en la auténtica riqueza de las manifestaciones de afecto.

«No es nuestra intención ocultar las dificultades, a veces graves, inherentes a la vida de los cónyuges cristianos: para ellos, como para todos, la puerta es estrecha y angosta la senda que lleva a la vida» (cf. Mt 7,14) (Humanæ vitæ, 25).

Sin embargo, la esperanza de la vida futura debe iluminar su camino mientras se esfuerzan animosamente por vivir con prudencia, justicia y piedad en el tiempo presente, conscientes de que la forma de este mundo es pasajera (cf. Humanæ vitæ, 25).

La oración y los sacramentos como fuente de fuerza

La conciencia de la vida futura abre un amplio horizonte de fuerzas espirituales que deben guiar a los esposos por la senda angosta y conducirlos por la puerta estrecha de la vocación evangélica.

La Encíclica indica cómo los cónyuges deben implorar esta fuerza esencial y toda otra ayuda divina mediante la oración; cómo deben obtener la gracia y el amor de la fuente siempre viva de la Eucaristía; y cómo deben superar, con humilde perseverancia, las propias faltas y pecados en el sacramento de la penitencia.

La gracia que hace al hombre una nueva criatura

La Encíclica enseña: «La Iglesia, al mismo tiempo que enseña las exigencias imprescriptibles de la ley divina, anuncia la salvación y abre con los sacramentos los caminos de la gracia, la cual hace del hombre una nueva criatura, capaz de corresponder en el amor y en la verdadera libertad al designio de su Creador y Salvador» (Humanæ vitæ, 25).

En el sacramento del matrimonio los cónyuges son corroborados y como consagrados para cumplir fielmente los propios deberes, para realizar su vocación hasta la perfección y para dar testimonio de ella delante del mundo.

A ellos ha confiado el Señor la misión de hacer visible ante los hombres la santidad y la suavidad de la ley que une el amor mutuo de los esposos con su cooperación al amor de Dios, autor de la vida humana (cf. Humanæ vitæ, 25).

La persona antes que los medios

El Papa Pablo VI subraya que, en este campo tan profundamente humano, es necesario hacer referencia ante todo al hombre como persona, al sujeto que decide de sí mismo, y no a los medios que lo convierten en objeto de manipulación y lo despersonalizan.

Se trata aquí de un significado auténticamente humanístico del desarrollo y del progreso de la civilización humana.

Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979–1984)

Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.

Reflexión:
¿Recurro a los medios que el Creador pone a mi disposición para cumplir con su voluntad?

Clave de lectura interior: La ayuda divina no suprime el esfuerzo humano, sino que lo sostiene, lo purifica y lo hace fecundo mediante la gracia que brota de la oración y de los sacramentos.