Teología del Cuerpo
Parte V. El sacramento del matrimonio
54. La vida hecha liturgia
Hoy vamos a referirnos al texto clásico del capítulo 5 de la Carta a los Efesios, la cual revela las fuentes eternas de la Alianza en el amor del Padre y, a la vez, su nueva y definitiva institución en Jesucristo.
El autor de la Carta a los Efesios no duda en extender la analogía de la unión de Cristo con la Iglesia al signo sacramental del pacto esponsal del hombre y de la mujer, los cuales están «sujetos los unos a los otros en el temor de Cristo» (Ef 5,21).
No vacila en extender aquella analogía mística al «lenguaje del cuerpo», interpretado en la verdad del amor esponsal y de la unión conyugal de los dos. Es necesario reconocer la lógica de este magnífico texto, que libera radicalmente nuestro modo de pensar de elementos maniqueístas y aproxima el «lenguaje del cuerpo», encerrado en el signo sacramental del matrimonio, a la dimensión de la santidad real.
Los sacramentos insertan la santidad en el terreno de la humanidad del hombre; penetran el alma y el cuerpo con su fuerza.
El lenguaje litúrgico y el lenguaje del cuerpo
La liturgia, el lenguaje litúrgico, eleva el pacto conyugal a las dimensiones del «misterio» y, al mismo tiempo, permite que tal pacto se realice en las susodichas dimensiones mediante el «lenguaje del cuerpo».
El lenguaje litúrgico confía a ambos, al hombre y a la mujer, el amor, la fidelidad y la honestidad conyugal. Les confía la unidad y la indisolubilidad del matrimonio. Les asigna como tarea todo el sacrum de la persona y de la comunión de las personas.
El autor de la Carta a los Efesios escribe a este propósito: «…los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo…» (Ef 5,33), «y la mujer reverencie a su marido» (Ef 5,33). Ambos, finalmente, estén «sujetos los unos a los otros en el temor de Cristo» (Ef 5,21).
Castidad, don y vida según el Espíritu
El «lenguaje del cuerpo», en cuanto ininterrumpida continuidad del lenguaje litúrgico, se expresa no sólo como el atractivo y la complacencia recíproca del Cantar de los Cantares, sino también como una profunda experiencia del sacrum que parece estar inmerso en la misma masculinidad y femineidad mediante la dimensión del mysterium magnum de la Carta a los Efesios.
Esta experiencia ahonda sus raíces precisamente en el «principio», es decir, en el misterio de la creación del hombre: varón y hembra a imagen de Dios, llamados ya «desde el principio», a ser signo visible del amor creativo de Dios.
La Carta a los Efesios, al exhortar a los esposos a estar sujetos los unos a los otros «en el temor de Cristo» (Ef 5,21), y al inducirles luego al «respeto» en la relación conyugal, parece poner de relieve, conforme a la tradición paulina, la castidad como virtud y como don.
A través de la virtud y, más aún, a través del don («vida según el Espíritu»), madura espiritualmente el mutuo atractivo de la masculinidad y de la femineidad. Ambos, el hombre y la mujer, alejándose de la concupiscencia, encuentran la justa dimensión de la libertad de entrega, unida al verdadero significado del cuerpo.
Así, el lenguaje litúrgico —o sea, el lenguaje del sacramento— se hace en su vida y convivencia «lenguaje del cuerpo», en toda una profundidad, sencillez y belleza hasta aquel momento desconocidas.
La vida conyugal como liturgia
Tal parece ser el significado integral del signo sacramental del matrimonio. En ese signo, mediante el «lenguaje del cuerpo», el hombre y la mujer salen al encuentro del gran mysterium, para transferir la luz de ese misterio en la práctica del amor, de la fidelidad y de la honestidad conyugal.
Es decir, en el ethos que tiene su raíz en la «redención del cuerpo» (cf. Rom 8,23). En esta línea, la vida conyugal viene a ser, en algún sentido, liturgia.
Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979–1984)
Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.
Reflexión: ¿Es mi lenguaje del cuerpo continuidad del lenguaje litúrgico del matrimonio?
Clave de lectura interior: El sacramento del matrimonio no termina en la celebración litúrgica: se prolonga en la vida cotidiana, cuando el amor, la fidelidad y la castidad hacen de la existencia misma una liturgia vivida.