Teología del Cuerpo
Parte V. El sacramento del matrimonio
37. El justo equilibrio
El contenido del texto objeto de nuestro análisis aparece en el cruce de los dos principales hilos conductores de toda la Carta a los Efesios: por una parte, el misterio de Cristo, como expresión del plan divino de la salvación del hombre que se realiza en la Iglesia; y por otra, la vocación cristiana como modelo de vida para cada bautizado y para cada comunidad.
En el contexto inmediato del pasaje citado, el autor de la Carta explica de qué modo la vocación cristiana debe realizarse y manifestarse en las relaciones entre los miembros de la familia. De modo particular, recomienda a los cónyuges que estén «sujetos los unos a los otros en el temor de Cristo» (Ef 5, 21).
La sumisión recíproca en el temor de Cristo
El autor habla de la mutua sujeción de los cónyuges, marido y mujer, y de este modo permite comprender correctamente las palabras que escribirá a continuación sobre la sumisión de la mujer al marido. Esta sumisión se entiende siempre como sumisión recíproca «en el temor de Cristo».
La mujer, en su relación con Cristo —que es para ambos cónyuges el único Señor— puede y debe encontrar la motivación de su relación con el marido, una relación que brota de la esencia misma del matrimonio y de la familia. Sin embargo, esta relación no es en ningún modo una sumisión unilateral.
En efecto, el marido y la mujer están «sujetos los unos a los otros», es decir, están mutuamente subordinados. La expresión concreta de esta sumisión recíproca es el amor.
El temor de Cristo como respeto por lo sagrado
Cuando el autor de la Carta habla del «temor de Cristo», se refiere ante todo al respeto por la santidad, por lo sagrado, que en el lenguaje del Antiguo Testamento se expresa también como «temor de Dios» (Sal 103, 11; Prov 1, 7; 23, 17; Sir 1, 11-16).
Este respeto por lo sagrado, nacido de una profunda conciencia del misterio de Cristo, debe constituir la base de las relaciones recíprocas entre los cónyuges, las cuales brotan de su común relación con Cristo.
El amor excluye toda forma de dominación
Cuando el autor escribe: «Y vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres», destruye cualquier temor que pudiera suscitar la expresión precedente: «Las casadas estén sujetas a sus maridos».
El amor excluye todo tipo de sumisión en virtud de la cual la mujer pudiera convertirse en sierva o esclava del marido. El amor hace que, simultáneamente, el marido esté también sujeto a la mujer, y que ambos estén sometidos al Señor.
La comunidad y unidad que los esposos están llamados a formar por el matrimonio se realiza mediante una recíproca donación, que es al mismo tiempo una mutua sumisión. Cristo es fuente y modelo de esta sumisión que, al ser recíproca «en el temor de Cristo», confiere a la unión conyugal un carácter profundamente humano y espiritualmente maduro.
El equilibrio en la comunión conyugal
Cuando el marido y la mujer se someten el uno al otro «en el temor de Cristo», todo alcanza su justo equilibrio. La sumisión recíproca, vivida a la luz de Cristo, constituye la estructura sólida y profunda en la que se realiza la verdadera comunión de las personas.
Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979 – 1984)
Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.
Reflexión: ¿Qué significa, en nuestra vida concreta, estar sujetos el uno al otro en el temor de Cristo?
Clave de lectura interior: El justo equilibrio en el matrimonio nace cuando ambos esposos viven la autoridad como servicio y la libertad como don, a la luz del amor de Cristo.