Varón y Mujer los Creó
Para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación
Congregación para la Educación Católica (2019)
10. La formación de los formadores
Proponer
47. Todos los formadores están llamados a asumir con responsabilidad el proyecto pedagógico. Su personalidad madura, preparación y equilibrio influyen profundamente en los educandos. Por ello, su formación no debe limitarse a lo profesional, sino abarcar dimensiones culturales y espirituales. Educar exige actualización constante y capacidad de acompañar a los alumnos hacia objetivos elevados, demostrando altas expectativas y promoviendo vínculos constructivos con el mundo.
48. Los dirigentes y docentes deben garantizar coherencia con los principios cristianos que fundamentan el proyecto educativo. El testimonio cotidiano es decisivo, pues «el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan». La autoridad del educador nace de la integración entre preparación profesional y una concepción positiva de la vida vivida coherentemente, incluyendo su dimensión espiritual.
49. La formación cristiana de los formadores busca el crecimiento integral del maestro y la consolidación de una comunidad educativa viva. Es necesaria una preparación adecuada sobre los distintos aspectos de la cuestión del gender y sobre las legislaciones vigentes, favoreciendo el diálogo. Universidades y centros de investigación están llamados a ofrecer formación permanente y actualizada.
50. En la educación al amor humano, teniendo en cuenta los avances de la psicología y la pedagogía, se requiere una preparación psicopedagógica seria que permita captar situaciones particulares. El método utilizado influye decisivamente tanto en los resultados como en la colaboración entre los responsables educativos.
51. En un contexto donde muchas legislaciones reconocen la autonomía educativa, las escuelas pueden colaborar con instituciones católicas para desarrollar materiales y programas coherentes con la visión cristiana del hombre. La cooperación entre pedagogos, docentes y expertos permite ofrecer herramientas innovadoras para una educación integral desde la primera infancia. Esta colaboración, a nivel local e internacional, constituye también un medio esencial de formación permanente para los educadores.
Reflexión
«El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan». ¿Estoy de acuerdo con esta frase? ¿La aplico en mi vida?
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Congregación para la Educación Católica (2019)
9. La sociedad
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43. En el proceso educativo es necesaria una visión unificada de la sociedad actual. La transformación de las relaciones interpersonales, aun bajo la “bandera de la libertad”, ha producido en muchos casos devastación espiritual y material, especialmente entre los más vulnerables. La decadencia de la cultura del matrimonio está asociada al aumento de la pobreza y a múltiples problemas sociales que afectan de manera desproporcionada a mujeres, niños y ancianos.
44. La familia no puede quedar sola frente al desafío educativo. La Iglesia continúa ofreciendo apoyo mediante comunidades abiertas y acogedoras. Las escuelas y comunidades locales están llamadas a colaborar sin sustituir a los padres, actuando de manera complementaria. El desafío educativo actual puede convertirse en un estímulo para reconstruir una auténtica alianza educativa entre familia, escuela y sociedad.
45. Este pacto educativo atraviesa hoy una crisis profunda. Es urgente promover una alianza sustancial —no meramente burocrática— que armonice la responsabilidad primordial de los padres con la tarea de los maestros, en el marco de «una positiva y prudente educación sexual». Es necesario generar condiciones de transparencia, diálogo e información recíproca, favoreciendo la participación y evitando tensiones derivadas de la falta de claridad o competencia.
46. En esta alianza debe regir el principio de subsidiariedad: todo colaborador en el proceso educativo actúa en nombre de los padres y con su consentimiento. Procediendo juntos, familia, escuela y sociedad pueden articular caminos de educación en afectividad y sexualidad que respeten el cuerpo, los tiempos de maduración y las especificidades fisiológicas, psicológicas y neurocognitivas de niñas y niños, acompañando su crecimiento de manera saludable y responsable.
Reflexión
¿Qué puedo hacer desde mi lugar en la sociedad para aportar a la reconstrucción de una alianza entre la familia, la escuela y la sociedad que tenga como objetivo ofrecer una educación en afectividad y sexualidad acorde con la verdad sobre el hombre en sus dimensiones física, síquica y espiritual?
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8. La escuela
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39. A la acción educativa de la familia se une la de la escuela, que actúa de manera subsidiaria. La escuela católica, fundada sobre el Evangelio, se configura como escuela para la persona y de las personas. «La persona de cada uno, en sus necesidades materiales y espirituales, es el centro del magisterio de Jesús: por esto el fin de la escuela católica es la promoción de la persona humana». En Cristo se encuentra la plenitud de la verdad sobre el hombre; por ello, la escuela católica promueve al hombre integral, sabiendo que todos los valores humanos encuentran en Él su unidad.
40. La escuela debe convertirse en una verdadera comunidad educativa, donde la persona crece en un proceso de relación dialógica, ejercitando la tolerancia, comprendiendo diversos puntos de vista y creando confianza en un clima de armonía. Es «espacio agápico de las diferencias», lugar de intercambio y participación que dialoga con la familia, primera comunidad del alumno, respetando su cultura y escuchando sus necesidades. Así, los niños y jóvenes son acompañados a superar el individualismo y a descubrir que están llamados a vivir una vocación responsable en solidaridad con los demás y al servicio de Dios.
41. Los educadores cristianos, también en escuelas no católicas, dan testimonio de la verdad sobre la persona humana. La formación integral incluye el desarrollo de todas las facultades, la preparación profesional, la formación ética y social, la apertura a la trascendencia y la educación religiosa. El testimonio personal, unido a la profesionalidad, es decisivo para alcanzar estos fines.
42. La educación a la afectividad requiere un lenguaje adecuado y prudente. Es necesario ayudar a los jóvenes a desarrollar un sentido crítico frente a la pornografía y la sobrecarga de estímulos que pueden desfigurar la sexualidad. Ante la ambigüedad cultural, se debe acompañar para reconocer las influencias positivas y tomar distancia de aquello que mutila la capacidad de amar y dificulta la madurez psico-relacional.
Reflexión
¿Ayuda la educación sexual que reciben mis hijos en el colegio a su maduración emocional, espiritual y social?
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7. La familia
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36. La familia es el lugar natural donde la relación de reciprocidad y comunión entre el hombre y la mujer encuentra su plena realización. En ella, unidos en el pacto libre y consciente del amor conyugal, realizan «una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona: reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y de la voluntad». La familia es «una realidad antropológica, y, en consecuencia, una realidad social, de cultura»; reducirla a categorías ideológicas circunstanciales significa traicionar su valor. Como sociedad natural, precede al orden sociopolítico del Estado, el cual debe reconocerla y respetarla.
37. De la naturaleza misma de la familia se derivan dos derechos fundamentales. El primero es el derecho a ser reconocida como el principal espacio pedagógico primario para la formación del niño. Este derecho se traduce en la «obligación gravísima» de los padres de asumir la educación íntegra de los hijos, incluida su identidad sexual y afectiva, «en el marco de una educación para el amor, para la donación mutua». Este derecho-deber es esencial, original, primario, insustituible e inalienable; no puede ser delegado totalmente ni usurpado por otros.
38. El segundo derecho es el del niño «a crecer en una familia, con un padre y una madre capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y su madurez afectiva». La madurez se forma en relación con la masculinidad y la feminidad del padre y de la madre. En el núcleo familiar el niño aprende el valor y la belleza de la diferencia sexual, de la igualdad y de la reciprocidad. «Ante una cultura que banaliza la sexualidad humana», el servicio educativo de los padres debe basarse en una cultura sexual verdadera y plenamente personal. La sexualidad es riqueza de toda la persona – cuerpo, sentimiento y espíritu – y encuentra su sentido en el don de sí mismo en el amor. Estos derechos se articulan con la libertad de pensamiento, conciencia y religión, abriendo espacios de colaboración educativa.
Reflexión
¿Ejerzo como padre mi derecho-deber de ser el primer educador de mis hijos?
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6. Antropología cristiana
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30. La Iglesia, madre y maestra, no solo escucha, sino que, fortalecida por su misión original, se abre a la razón y se pone al servicio de la comunidad humana, ofreciendo sus propuestas. Es evidente que sin una aclaración satisfactoria de la antropología sobre la cual se base el significado de la sexualidad y la afectividad, no es posible estructurar correctamente un camino educativo coherente con la naturaleza del hombre como persona, orientado hacia la plena actuación de su identidad sexual en el contexto de la vocación al don de sí mismo. El primer paso consiste en reconocer que «también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo». Este es el núcleo de esa ecología del hombre que parte del reconocimiento de la dignidad peculiar del ser humano y de su relación con la ley moral escrita en su propia naturaleza.
31. La antropología cristiana tiene sus raíces en el Libro del Génesis: «Dios creó al hombre a su imagen […], varón y mujer los creó» (Gen 1,27). Aquí se encuentra el núcleo de la creación y de la relación vivificante entre el hombre y la mujer, que los pone en unión íntima con Dios. El sí mismo y el otro de sí mismo se completan según sus identidades específicas en una dinámica de reciprocidad sostenida por el Creador.
32. Las palabras bíblicas revelan el diseño del Creador que ha asignado al hombre como tarea su propio cuerpo, su masculinidad y feminidad, y en ellas su humanidad y dignidad de persona, como signo transparente de la comunión interpersonal. La naturaleza humana debe entenderse a la luz de la unidad del alma y el cuerpo, integrando inclinaciones espirituales y biológicas hacia su fin.
33. En esta totalidad unificada se integran la dimensión vertical de la comunión con Dios y la dimensión horizontal de la comunión interpersonal. La identidad personal madura cuando está abierta a los demás, porque el “yo” llega a ser él mismo a partir del “tú” y del “nosotros”. Está creado para el diálogo y la comunión.
34. Es necesario reiterar la raíz metafísica de la diferencia sexual: hombre y mujer son las dos formas en que se expresa la realidad ontológica de la persona humana. El rechazo de esta dualidad borra la visión de la creación y desdibuja la familia como realidad preestablecida, afectando también la dignidad propia de la prole.
35. Educar en la sexualidad y la afectividad significa aprender el significado del cuerpo en la verdad original de la masculinidad y la feminidad; aprender a recibir el propio cuerpo, cuidarlo y respetar sus significados. Desde una ecología humana integral, el hombre y la mujer reconocen la intencionalidad relacional y comunicativa de su corporeidad, que los orienta mutuamente el uno hacia el otro.
Reflexión
¿Es posible realizarme como persona si mi actuación va en contraposición a mi naturaleza humana?